
📅 martes, 3 de marzo de 2026, 06:35:14
Director General: Armando Santibáñez Olivera
Llama arzobispo a fortalecer la familia en segundo Domingo

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3 mar 2026
Llama arzobispo a fortalecer la familia en segundo Domingo de Cuaresma
En la homilía correspondiente al II Domingo de Cuaresma, el arzobispo de Antequera Oaxaca, monseñor Pedro Vázquez Villalobos, exhortó a las familias a vivir el amor, la misericordia y el perdón en el hogar, y a no “poner a prueba” a quienes les acompañan en la vida matrimonial y familiar. Durante la celebración eucarística, el prelado centró su mensaje en la confianza en Dios y en la necesidad de escuchar su palabra, a partir del pasaje de la Transfiguración.
Señaló que la familia debe ser un espacio donde se respire el amor y donde padres, madres e hijos asuman con responsabilidad su vocación.
El arzobispo invitó a los matrimonios a examinar si están viviendo el compromiso de amar y a ejercer la paternidad y maternidad con misericordia, corrigiendo con firmeza pero también con comprensión.
Asimismo, pidió a los hijos no abusar del perdón de sus padres. En su reflexión, subrayó que la Cuaresma es tiempo de transformación interior, de renuncia y sacrificio, para recuperar la “luz” en el hogar cuando el egoísmo, la envidia o la falta de perdón afectan la convivencia.
Aquí la homilía: II DOMINGO DE CUARESMA HOMILÍA DE MONS. PEDRO VÁZQUEZ VILLALOBOS, ARZOBISPO DE ANTEQUERA OAXACA 1 DE MARZO DEL 2026 Espero, con la ayuda de Dios, porque así lo es siempre, Dios es el que pone palabras en nuestros labios, Él mismo lo dijo, cuando veía que sus discípulos, sus apóstoles estaban llenos de miedo, cómo se iban a defender cuando los apresaran, Nuestro Señor siempre les dijo “Yo pondré palabras en sus labios y así lo he creído siempre, a lo largo de todo este ministerio al que Dios me ha llamado, siempre he creído que es Dios el que pone palabras en nuestros labios y, también, siempre, siempre he creído y he sentido que las personas que acuden a un recinto como este, a un templo, a celebrar la Eucaristía, vienen con la humildad de corazón, con la sencillez, no vienen a criticar al sacerdote, vienen a escuchar la Palabra de Dios. Así venga siempre, a escuchar la Palabra de Dios, ya la hemos escuchado. Salimos de nuestra casa y hemos venido aquí. Un día, Dios le habló a Abraham y le dijo: “sal de tu tierra y vete a la tierra que Yo te mostraré”. Obedeció a Dios, salió sin saber a dónde, sólo confiando en Dios, así tiene que ser usted y así tengo que ser yo, confiar en Dios, confiar en Dios, no desconfíe del acompañamiento divino, de la presencia divina, de la fuerza divina a lo largo de nuestra vida, no desconfíe. Hoy, han venido hombres y mujeres que, un día, vivieron lo que dice la Palabra de Dios, dejará el hombre a su padre y se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne. Un día salió usted de su hogar, de su hogar familiar y fue a formar un nuevo hogar, una nueva casa. Salió con la esperanza de vivir el amor y de ser amado. Aquí quiero que usted piense, no si ha sido amado, piense si ha amado, porque el compromiso de usted fue amar, amar, ese fue su compromiso. Ahora, examínese si ese llamamiento que Dios le hizo a usted, de vivir el amor, lo está viviendo y sígalo viviendo lleno de esperanza, lleno de gratitud a Dios, porque Él lo va acompañando en su proceso de santificación en su estado de vida matrimonial y, ese Dios que le dijo: deja a tu padre, deja a tu madre y ve a formar una nueva familia, a usted, señor, a usted señora, también un día les llamó a la maternidad y a la paternidad y quien le ha llamado a ser padre y madre, les da todos los dones y todas las gracias para que ejerzan su maternidad, su paternidad así, comolo quiere Dios. Aprenda de Dios a amar. Él es Padre y siempre tiene para nosotros sólo amor. Papá, sólo tenga amor en favor de su hijo, sólo tenga misericordia, como la tiene Dios en favor de todos nosotros, que somos pecadores. Aplique la misericordia en favor de su hijo, cuando se equivoca, corríjalo como lo corrige Dios a nosotros, porque siempre espera de nosotros que seamos distintos, que volvamos nuestro rostro a Él, pero siempre nos trata con amor y misericordia y Su misericordia le lleva a perdonarnos. Que también a usted, papá, mamá, que su misericordia en favor de sus hijos lo lleve a perdonarlos y, nosotros, hijos, no pongamos a prueba la misericordia y el perdón de nuestros papás, porque nuestros papás son limitados. Dios no es limitado, Dios es infinito. ¿Voy a seguir desobedeciendo a mi padre y a mi madre para probar su misericordia y su perdón? Eso ya es maldad, eso ya es maldad y, eso, no alcanza misericordia, no alcanza perdón, porque usted está probando a quien no debe de probar. Viva, viva mejorando en la viva, viva mejorando y alcanzará misericordia y perdón. Sean felices, sean felices, en su estado de vida, en la respuesta que están dando a Dios, sean felices. Vio Dios en ustedes la capacidad de amar, la capacidad de realizarse como hombre y como mujer en el estado de vida matrimonial. Dios les regaló dones y gracias especiales para ejercer la paternidad y la maternidad, por eso les llamó a colaborar en la creación. No desconfíen del auxilio divino y de la gracia divina, pero pongan su parte, así como dije, no pongas a prueba la misericordia y el perdón de tus padres, también le digo, no pongas a prueba la misericordia y el perdón de quien le acompaña en su estado de vida matrimonial, no la ponga a prueba. Al ser amado no se le debe de poner a prueba, al ser amado se le ama, se le ama. Tenga mucho cuidado. A ver si es cierto si me perdonas y a ver si es cierto que tienes misericordia y a ver si es cierto que me amas. No ponga prueba, no, porque está frente a una persona limitada en su misericordia, en su perdón y en su amor, porque es pecador, no es Dios, es una persona como usted, con sus limitaciones. No prueben, no pongan a prueba a quien le acompaña en la vida. Tampoco, tampoco exija que le amen, sólo exíjase a usted vivir el amor, exíjase a usted. La familia es un lugar donde tenemos que amar, donde tenemos que aprender a amar. Hoy se habla de muchas familias disfuncionales, que su familia no sea así, que de veras ahí en su hogar se respire el amor. Deje que Nuestro Señor, Nuestro Dios y Señor, viva en su hogar, para que lo vaya transformando. Pida la intervención divina en su hogar, pero pídanla juntos. La familia está compuesta de padre y madre, de esposo y esposa, de hijos, de hermanos, esa es la familia y como familia tenemos que decirle a Dios que nos haga sentir esa luz que nos ilumina y que nos vaya cambiando el corazón y los sentimientos cuando algo no está bien en nuestro hogar.
Juntos, como familia, tenemos que analizarlos cómo vivimos en nuestro hogar, cómo son nuestras relaciones, cómo manifestamos nuestro amor, para que no vaya a ser una familia disfuncional donde falte el amor, nos faltarán muchas cosas.
A veces vivimos en una gran pobreza, pero que no seamos pobres en el amor, siempre sintiéndonos amados. Hoy, celebramos este segundo domingo de Cuaresma, la Transfiguración nos presenta el Evangelio. Este es mi Hijo muy amado, en quien tengo mis complacencias, escúchenlo.
Eso mismo dijo Dios cuando Juan El Bautista bautizó a Nuestro Señor en el río Jordán. Se abrieron los cielos, dice, y se escuchó la voz: “Este es mi Hijo, muy amado, en quien tengo mis complacencias, escúchenlo”.
En la Transfiguración los Apóstoles escucharon esa voz, vieron la Gloria de Nuestro Señor en el monte, en la nube, en la luz, en la luz. Que ahí, en su hogar, también ustedes sientan y vean la luz y escuchen esa voz: este es Mi Hijo muy amado.
Escúchenlo y que pueda usted escuchar, en algún momento, cuando algo está fallando, que pueda escuchar ¿por qué has dejado de amarme? ¿por qué has dejado de perdonarme? ¿por qué has dejado de tener paciencia? ¿por qué te has llenado de egoísmo? ¿por qué te has llenado de vanidad? ¿por qué te crees tan perfecto? ¿por qué no colaboras en casa? ¿por qué sólo piensas en ti? Dios nos estará diciendo que, algunas cosas que están en nuestra persona y en nuestras actitudes, no están siendo luz, no son luz, no iluminan, sólo oscurecen la vida, son tiniebla, son pecado y, el Señor nos dice: Escúchame, escúchame aquí en tu casa, esto está faltando de ti para que haya alegría y gozo en tu hogar, esto falta, te has llenado de egoísmo, te has llenado de envidia contra tu hermano, que se ha ido superando, que ha ido logrando algo, te llenaste ya de envidia, de coraje, ya dejaste de amarlo, ya no hay luz en tu interior, ya no hay esa gracia, ya no hay esa alegría de relación entre hermanos, de relación entre esposos, de relación entre padres e hijos, se ha perdido porque dejaste de hacer esto.
Ya no hay luz en tu corazón, se llenó de tinieblas, se llenó de pecado. Vengo para ser luz, para iluminarte, quiero transformar este hogar, esta casa donde tú vives, pero primero quiero transformarte a ti, deja que te transforme, deja que te llene de luz, deje que te llene de ánimo y de esperanza, déjame trabajar en ti, permíteme. Que no nos cueste abrir nuestro corazón para que Dios haga Su obra en nosotros, que no nos cueste. Tenemos que transfigurarnos.
En nuestro hogar hay sacrificios, todos tenemos que sacrificarnos, todos tenemos que renunciar. Nuestro Señor, para entrar en la Gloria se sacrificó, fue a la Cruz, fue a la Cruz. Para que usted alcance esa gloria y esa luz, tiene que sacrificarse, tiene que dominar sus pasiones, tiene que trabajar en su interior para sacar sus defectos y a lo mejor eso le va a doler.
Pues bendito dolor, porque va a sanar, porque se va a llenar de luz, porque se va a llenar de gracia, porque llenará de alegría su casa y, para ello, usted se sacrificó, la renuncia es sacrificio, hay que renunciar para alcanzar algo más grande.
Que Dios sea escuchado por nosotros, que en esta semana podamos trabajar estos aspectos en nuestra vida personal y en nuestra vida familiar, en nuestras comunidades. Necesitamos ser la luz en donde quiera que vayamos.
No se olvide, ustedes son la luz del mundo, dijo Nuestro Señor, pues seamos esa luz, llenemos de alegría a las personas con las que compartimos la vida, con las cuales nos encontramos a lo largo de nuestro existir. Nos encomendamos a la Madre de Dios, Ella también nos dice, hagan lo que Él les diga, así dijo en las bodas de Caná, hagan lo que Él les diga, así nos dice hoy la Madre de Dios, hagan lo que Mi Hijo Jesús les dice, Él es el Hijo Amado y el Padre invita a escucharlo, escuchen a Mi Hijo, háganle caso a Mi Hijo y Yo alcanzaré gracias en su favor, para que como hijos y como hermanos de Nuestro Señor, salgamos adelante todos. María Nuestra Madre, ahí va con nosotros, la fuerza del espíritu la tiene usted en su corazón, sólo hace falta que quiera, que ponga su voluntad y las cosas van a mejorar.
Feliz semana para todos ustedes y que Dios los bendiga abundantemente y se dejen siempre iluminar por el Señor y haya siempre de su parte una respuesta positiva al mensaje divino que hemos escuchado. Que así sea.