
📅 martes, 17 de marzo de 2026, 16:59:22
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16 mar 2026
JUCHITÁN ES UN CUENTO
Rocío González
Gerardo Valdivieso es el único narrador de los presentes en esta selección y no tiene la impaciencia e intensidad que parece caracterizar a los poetas; es un muchacho de hablar suave y pausado, con cierto escepticismo ante las cosas que le planteo y ante el estado general de la literatura indígena en nuestro país. Tiene 32 años y dos carreras truncas: Contaduría, en el ITI y Diseño, en la UAM. Actualmente vive en Juchitán y tiene un taller de sellos, ocasionalemente hace periodismo cultural; ha sido invitado a varios encuentros literarios en el país y cree que se lee más en periódicos que en libros, por lo que le gusta ver publicadas sus historias en revistas o diarios.
Él afirma pensar tanto en zapoteco como en español, dependiendo del contexto en el que se halle, si es en el ámbito familiar, su lengua natural es la materna, y con hablantes del castellano se adapta fácilmente a la circunstancia que está viviendo, aunque “siempre se pelean, pues en asuntos como el amor, aunque piense en zapoteco, siento que al expresarme se oye raro, entonces traduzco para sonar más romántico.” Me cuenta que en realidad siempre ha sido muy callado y que en la escuela muchos de sus compañeros o maestros pensaban que no hablaba zapoteco y él no los desmentía, pero comprendía perfectamente las dos lenguas y así podía enterarse de todo lo que ocurría a su alrededor.
Al no conocer la escritura del zapoteco, le cuesta asumirse como un escritor en dicha lengua, pues continuamente comete errores y debe estar informándose de cómo se escribe tal o cual palabra, sonido, expresión; afortunadamente tiene un amigo, el historiador y estudioso del zapoteco Víctor Cata, que lo obliga a chatear en zapoteco y a esforzarse en el ejercicio constante del mismo, es decir que para Gerardo el zapoteco puede convivir con las nuevas tecnologías sin menoscabo de su riqueza.
“Yo cometí un error muy grande, una de esas decisiones que a veces uno toma: estuve mucho tiempo cercano a la iglesia católica, fui catequista, y en la misma época de la que te hablo se convocó a un curso en la Casa de la Cultura para aprender a escribir zapoteco, entonces llegó un sínodo diocesano que ofrecía algunas pláticas y yo debía elegir entre una cosa y la otra, le consulté al párroco del pueblo y él me dijo que la oportunidad de oír al sínodo era única y, en cambio, aprender a escribir zapoteco podría hacerlo en otro momento.
La verdad es que efectivamente fue una buena experiencia, pues entre otras cosas, el invitado habló del megaproyecto del Istmo y dijo lo que pensaba, que nosotros éramos una bola de cabrones que ante la ola que representa el proyecto eólico, nos amarramos al metate, en lugar de aprovechar los beneficios que trae; y eso que este sacerdote era de la teología de la liberación, que está cerca del pobre, de la tradición.”
“En cuanto a la gramática, yo sigo la que nos propone Víctor de la Cruz, que es la de Velma Pickett; mi método es leer en zapoteco lo que se consigue y así me voy habituando a su lectura y, en consecuencia, a la escritura del mismo. Escribo en zapoteco porque representa otro mundo, aunque a mí me resulte difícil hacerlo, lo mismo me resultó difícil escribir mis cuentos en español; recuerdo que en la prepa hice un ensayo y la maestra se rió de mi escritura, era un texto horrible. Esa experiencia me dio cierta conciencia del lenguaje, escribir bien es difícil en cualquier lengua.”
“Yo creo que hay una urgencia de rescatar el zapoteco, de crear una literatura con él. Cuando era niño y mi papá se ponía muy pedo, le daba por leerme a Pancho Nácar, me acostaba con él en la hamaca y me leía, ése era el único libro que teníamos en zapoteco y a mí me gustaría que eso siguiera sucediendo, no con uno sino con muchos libros. Me siento plenamente bilingüe, con los amigos hablamos indistintamente las dos lenguas, mezclándolas, creo que es algo que nos pasa a todos, aunque los más viejos te presionan para que no metas palabras castellanas en una conversación en zapoteco, pero para hacerlo hay que estar muy consciente.”
“Tengo un amigo francés que es muy pedante, aunque a mí me cae muy bien, quien dice que el francés es más rico que el español, pues tiene palabras para designar emociones o estados que el español no tiene, creo que lo mismo pasa en zapoteco, sólo que ya casi no usamos esas palabras, las estamos olvidando. Creo que la urgencia de la literatura zapoteca es primero tener el dominio de la lengua y sólo entonces atender a la creación y buscar nuevas formas que preserven esa misma lengua.
Yo fundé una revista para ifundir a las nuevas generaciones de escritores zapotecos, pensando que ya basta de los mismos de siempre, de los mismos nombres y las mismas poéticas; sin embargo, a los pocos números tuve que recurrir a ellos, pues los jóvenes no estaban; cuando hay recitales aquí en Juchitán, como que me retuerzo, es que los jóvenes no leen, sienten que con decir cualquier cosa ya son escritores. Se pierde mucho el tiempo con la televisión, eso es lo que hace la mayoría de la gente. Creo que la educación bilingüe debería ser obligatoria, y aunque se supone que existe por decreto, realmente no sucede, por lo menos hasta donde sé.
Las instituciones encargadas del fomento y la preservación de las lenguas indígenas en general reciben poco presupuesto y ese poco dinero se va a la burocracia, no tiene el impacto que dicen que tiene o que se proponen, pero algo es mejor que nada.”
“Yo no tengo muchas esperanzas respecto al zapoteco. Soy fatalista, la realidad es pésima”, sin embargo, Gerardo sigue escribiendo, traduciendo y aprendiendo el dominio de su lengua, pese a que ésta tenga todo en contra.
*Tomado del libro: Literatura zapoteca ¿resistencia o entropía?
(A modo de respuesta: cuatro escritores binnizá)